domingo, abril 23, 2006

Una semana...

Estaba leyendo en el río, sobre un murito de piedra, y, cuando llegué a este párrafo, cuando ya andaba terminándolo, me ocurrió algo extraño. Fue como si leer aquello fuese algo solemne. Las hormonas, pensé. Pero eso que me pasó no fue únicamente eso. (Además de que no quiero escribir tontadas.)

<<La Piojosa Grande manoteó bajo el cuerpo del Gaspar, bajó la humedad caliente de maíz chonete del Gaspar. Se la llevaba en los pulsos cada vez más lejos. Habían pasado de sus pulsos más allá de él, más allá de ella, donde él empezaba a dejar de ser solo él y ella solo ella y se volvían especie, tribu, chorrera de sentidos. La apretó de repente. Manoteó la Piojosa. Gritos y peñascos. Su sueño regado en el petate como su mata de pelo con los dientes del Gaspar como peinetas. Nada vieron sus pupilas de sangre enlutada. Se encogió como gallina ciega. Un puño de semillas de girasol en las entrañas. Olor a hombre. Olor a respiración.>>