lunes, enero 23, 2006

Yo adoro los diccionarios, es una de mis tantísimas debilidades... Siempre que viene a mi mente una palabra, aunque sepa perfectamente lo que es, corriendito voy a mi diccionario para leer aquello que dicen de ella. Cuando leo, siempre con un diccionario a mano, no puedo evitarlo, incluso a veces tengo que irme a sitios donde no los tengan para poder dedicarme a leer tranquila, a veces me exaspero yo sola...

Pero, sea como sea, amo los diccionarios. Mis padres me llaman maniática, yo simplemente disfruto con esas definiciones, tantas veces tan frías, pero que yo sé que esconden millones de significados más, y momentos, personas que pronunciaron aquella palabra, que la odiaron, la dijeron apenas susurrándola como guardándosela para sí... Una palabra es un mundo, a pesar de que a veces las palabras sobren.

Ayer se cumplieron veinticinco años de la muerte de María Moliner, mujer que dedicó más de quince (creo recordar) años de su vida a la creación del renombrado diccionario, el mayor regalo material que me pudieron hacer. No soy partidaria de ese tipo de celebraciones o aniversarios, llamar a la atención por los 100, 45, 30, 22 años del nacimiento de... o la muerte de... o la publicación del libro... o la vigesimoquinta exposición del cuadro tal... en la ciudad no sé cuál... etc. Que al fin y al cabo, es una excusa para publicitarlos sin finalidad más de la de aumentar las arcas (y no del saber, claro) ajenas. Pero el sábado leí un artículo sobre ella, y hoy me apeteció escribir aquí y recordarla, y agradecer publicamente el trabajo que hizo, porque entre sus páginas (las de su diccionario) pasé horas, sumergida entre las letras que me sirven lo que a otros una tila, una tarrina de helado...

Y recuerdo lo que leí que dijo Cortázar, tan lindo, ya no me creí rara:

Al Larousse Ilustrado lo olía, tenía un olor perfumado que todavía me llega. Tengo, Elena, un amor infinito por los diccionarios. Pasé largas convalecencias con un diccionario sobre las rodillas buscando la definición de la goleta, del porrón, del tifus. Mi madre se asomaba a la recámara a preguntarme: "-Qué le encuentras a un diccionario?" "-Todo".


Días hermosos para todos...


(La entrevista de http://www.geocities.com/juliocortazar_arg/cercade80.htm )

viernes, enero 20, 2006

(Para que nunca más lo lean: ejemplo de crítica autodestructiva.)

Maruxa y la rosa blanca

1
-Veámonos pronto, Julián.
-Así sea, rabino Ismael.
Julián se apresuró a salir de la sinagoga. Aquel día no se había entregado a su oración, sus pensamientos vagaban indefinidos; hoy sólo había pronunciado palabras sin sentido... Nunca antes le había sucedido. Julián era un judío de creencias religiosas muy profundas, toda su vida giraba en torno a su dios, y diariamente acudía a su cita de agradecimiento y reflexión. Por primera vez, algo le había impedido seguir su rito, y aquello no hacía más que aumentar su nerviosismo.
Porque Julián estaba preocupado, temeroso. Su rutinaria vida había tornado a otra repleta de miedos y recelos. Desde aquella noche.
El frío azotaba las calles, se clavaba en la piel y congelaba los sentidos; pero otorgó a Julián un fogonazo de serenidad.
``Iré a ver a Efraín a su bodega´´ sentenció Julián. `` Él siempre supo ayudarme con su sabiduría en los momentos en que todo parecía cruel y el mundo me mostró su cara más brutal.´´
Julián sabía mucho de brutalidad. Él siempre fue fiel a su religión; y hubo tiempos en que esto le llevó a la soberbia, a la intransigencia y a defender ante todo el poderío y la grandeza de su raza. Ante todo. E incluso ante su hija, que terminó sus días muerta en brazos de su amante cristiano, rodeada de un charco de sangre, bajo la ``Fuente Chiquita´´ del pueblo. Y no le bastó con ello, sino que se negó a enterrarla en el cementerio, y lo hizo a orillas del río que pasaba bajo el puente de la misma fuente. Fueron tiempos oscuros, en los que todo estuvo teñido por la angustia y el tormento.
Fue entonces cuando Efraín le aconsejó y le ayudó a rectificar. O, al menos, consiguió cubrir todos aquellos hechos y desterrarlos al lugar donde guardamos nuestro pasado más remoto, aquello en lo que jamás creemos que volveremos a recaer.
A través de las estrechas calles flanqueadas de casas de madera de castaño y adobe, Julián se dirigió con paso decidido hacia la calle del Vado, a la bodega de Efraín.
Curiosamente, la bodega estaba en frente del puente de la Fuente Chiquita, y allí fue donde avistó a Efraín. Éste le llamó alegremente en cuanto divisó a Julián observándole, el cual se dirigió hacia él, ya no tan jovial como el primero. Efraín lo advirtió.
-Julián -su rostro barbilampiño se tornó lúgubre -... Julián, ya te conozco como si fueses parte de mis entrañas; tus ojos me revelan tus pesadillas; sé que algo inverosímil te ha ocurrido. ¿No habías logrado dejar atrás todas tus dudas y miedos? ¿Qué ha sucedido?
-No sé... Pienso que la locura está apoderándose de mi ser. No puedo afirmarte que realmente ocurriese, pero estuvo tan presente... Algo increíble, inconcebible. Efraín, ¿me creerás?
-Dependerá de la confianza que hayas depositado en mí. Si no te creyese, ¿para qué todos estos años? Cuéntame.
-Fue hace dos noches. No conseguía conciliar el sueño, y decidí dar un paseo para retomar más tarde el descanso. Cuando quise advertirlo estaba aquí, en la Fuente Chiquita. El aire era fresco y a la vez agradable. Atisbé el río, con la mirada fija en sus profundidades, y, de pronto, la visión comenzó a enturbiárseme y un sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo. De repente, unos sollozos se agolparon en mis oídos. Unos sollozos que yo conocía muy bien...
-¿De quién eran?
-De Maruxa.
-¡Tu hija!
-Efraín, si no hubiese estado en las piedras de la balaustrada, hubiese caído al suelo. ¿Qué fue lo que sucedió? ¡No logro entenderlo! ¡Si pudiese expresar con palabras lo que sentí cuando aquel último ``quejío´´ final me devolvió a la realidad! Debo estar enloqueciendo. Intenté olvidar a mi hija; ahora ella quiere llamarme, reclamar su presencia. Yo la borré de la faz de la tierra; pagaré por ello. De todas formas... Si sólo hubiesen sido gritos... Oí además una palabra: ``Padre´´.
-¿Padre?
-Anoche volví al puente, de nuevo de madrugada; ya sabes que la imprudencia es uno de los grandes defectos de la gente como yo... No sería la primera vez que pago por ello. Las sensaciones volvieron a ser las mismas: el extraño mareo, el frío que congela las venas... Y esta noche Maruxa me susurró dos nuevas palabras: ``te traeré´´. He venido para pedirte consejo, Efraín. Si tú me dices que no vuelva esta noche no lo haré, pero quiero saber si tú consideras eso lo correcto.
-Julián, no voy a darte un consejo; no te lo pediré. Te lo ruego. No vuelvas esta noche ni ninguna otra. Maruxa no se conformará con ir pudriendo noche a noche tu alma con sus gritos, o con sus suspiros. El día que menos lo esperes, si sigues acudiendo de madrugada a este puente, Maruxa te robará el alma.

2
La noche había llegado a la casa de Julián. Su cuerpo temblaba, y escalofríos le recorrían la espalda. Escalofríos de temor, de miedo.
Había matado a su hija, ciegamente, sin piedad. Y por una sinrazón. Ahora que le llamaba, que tenía la oportunidad de redimir su culpa, ¿iba a ignorar su súplica?
No podía dejar todo aquello de lado, continuar su vida como hasta ahora había hecho.
Se levantó y avanzó a la entrada de la casa. Abrió la puerta y una corriente fría inundó la estancia.
Y Julián comenzó a llorar.

3
A las tres de la madrugada, una figura se recortaba en la oscuridad. Observaba atentamente las aguas del río. De repente, la figura se estremeció. Sintió un gélido grito que susurraba en su oído una palabra: ``conmigo´´.
En su último instante, un relámpago de lucidez se transformó en su aliento final: ``Padre, te traeré conmigo´´. Con él llegó el conocimiento de que todo había terminado; y entonces cayó contra el terreno pedregoso del puente.
Los gritos cesaron, y el tiempo pareció detenerse.
El hermoso cuerpo de una bella muchacha surgió del río y se encaramó al puente, sorteando su balaustre con gran agilidad. Observó el rostro de la figura que yacía en el suelo, y un destello de sorpresa asomó en sus delicados ojos, alterando mínimamente la candidez de su semblante. Pero, al instante, desapareció su gesto de asombro; y colocó una rosa blanca sobre el cuerpo de la figura.
Tan prontamente como salió del río, se internó en él.
Y la tranquilidad reinó de nuevo en la noche, en aquel río, aquella fuente y aquel puente. Un puente con el cuerpo sin vida de un hombre, y una flor sobre él.
Una rosa blanca.

4
El alba trajo consigo un nuevo día al pequeño pueblo. El sol había ganado terreno al frío, y una calidez especial instigaba a la gente a sus quehaceres diarios.
Entre ellos estaba Julián, que nada más abrir los ojos tuvo una extraña sensación de incertidumbre.
Algo había ocurrido.
La pasada noche estuvo a punto de ir a la Fuente Chiquita y escuchar la llamada de su hija. Pero después de abrir la puerta de su casa, volvió dentro, siguiendo el consejo de Efraín.
No tenía por qué preocuparse esta mañana, pero, a pesar de todo, algo le inquietaba.
Atravesó corriendo las angostas calles hasta llegar a la Fuente Chiquita.
La aglomeración de gente en torno a algo situado en el suelo, el murmullo y las expresiones de consternación le preocuparon aún más. Se internó bruscamente en el grupo, haciendo caso omiso (o quizá sin advertirlo siquiera) de las protestas del gentío.
Cuando por fin vio la causa de tan grande expectación no creyó que estaba loco ni que había perdido la razón, ni lloró, ni se cayó al suelo. No hizo nada; no sintió nada. Sobre el puente yacía el cadáver de su gran amigo Efraín, y sobre él descansaba una rosa blanca.
Maruxa quería perdonar a su padre, a cambio de su vida. Pero Maruxa había robado la existencia de Efraín, y no la de su padre, por haberle rogado a Julián que no acudiese a su llamada ninguna noche más, y por presentarse él imprudentemente.
Maruxa descansaría en paz.
Su padre murió a la semana siguiente.

miércoles, enero 18, 2006

Que me llamen tonta es algo que no me preocupa demasiado, porque una de las escasísimas cosas de las que estoy convencida (si puede estarlo totalmente de alguna) es de que no soy tonta... Hay momentos en que puedo considerarme boba o estúpida, o cualquier otro calificativo de este tipo que en otro momento no dudaría en atribuirme, no tan convencida de serlo, sin embargo. Pero tonta, como no lo soy, que me digan tonta, no me preocupa. Lo que sí me incomoda es que lo hagan delante de otras treinta personas que en su mayoría buscan por todos medios un comentario del tipo al que hace unas horas me ofrecieron, y que puedan creer que ese intento de degradarme dialécticamente (que a más no llegó, faltaría más) es digno de aprobación, risa o ¡incluso de un gesto resignado por mi parte! Apenas me indigna esto en comparación con tantas de mis preocupaciones, pero, al fin y al cabo, me indigna. Tendría que mirarse el hombre, que yo no soy nadie, pero él no tiene por qué serlo más que yo.

Ayer encontré entre mis caóticas cajas de papeles de nadie sabe qué este fragemento que encontré de un escritor argentino, que en un principio me llamó sólo la atención por su país, y después me sorprendió y aún tengo con el la deuda de leer alguno de sus libros (aunque tengo tanto por leer...). Se llama Andrés Neuman y, por cierto, creo que vive en España, recuerdo haber leído que dijo que ni siquiera tiene aquel precioso acento...

Nada, que os guste, que seais felices.



Andrés Neuman La mujer tigre (fragmento), de El que espera:


" No hay nada más espléndido que las manchas color albaricoque de su cuello, que se estira y se pliega cuando atisba los flancos. Hace tiempo que la estudio y, de momento, lo único que he conseguido averiguar es que duerme por la tarde, se pierde por las noches y se asoma de este lado sólo al mediodía, cuando el sol le acentúa las franjas del lomo y enciende sus pupilas piedra pómez. Desde el día en que la encontré, distraída, clavándose un colmillo en el labio con delicadeza, no he dejado de imaginar la cacería. ¿Quién cazaría a quién? Desde luego su boca promete el vértigo, la sangre, el rito de la muerte ágil. Mi arma es esta pluma: suficiente al menos, para sucumbir con dignidad. Ese temblor del costado, de las rayas de su vientre al respirar, me salpica la vista, me obsesiona. Su dulce rugir de pequeña catarata me persigue cuando sueño. Al despertar, en cambio, sueño con perseguirlo. Ella tiene demasiado olfato como para dejarse sorprender en una página. Haría falta una novela, quizá varias, para poder albergar la esperanza de que bajase la guardia por un instante, en mitad de algún párrafo. Pero para hacer eso necesitaría estudiarla durante años. Al fin y al cabo, todo consiste en engañar al tigre. El hambre, algunas veces, la obliga a acercarse con encantador disimulo y relamerse. Si todavía no me ha atacado es porque, de momento, le agrada esto que escribo, o al menos le hace gracia a su coquetería. Por mi parte, estoy dispuesto al sacrificio: la supervivencia es tan mediocre... Sé bien que le importo poco, que para ella soy, básicamente, un curioso trozo de carne. Aunque también sé que, si transcurre un par de días sin que nos veamos, ella busca cualquier pretexto par regresar y rondar mi cuento. Incluso a veces me hace el honor y decide afilarse las uñas delante de mis ojos, frotándolas contra un árbol con una lentitud exquisita. Otras veces he notado cómo se demoraba al marcharse, mientras dibujaba hipnóticas ondas con su cola manchada. Y aún más. Estoy seguro de que en su guarida de fiera inconmovible, en las noches de luna clara, se siente sola. Y de que a veces, también, hace un esfuerzo y me recuerda. "



lunes, enero 16, 2006

Uf, acababa de escribir tres párrafos y no sé cómo, todo se borró!!! Malditos aparatos... En fin, me niego a reescribirlo todo.
Otra foto, a mí me gusto mucho, aunque no sé ni quien la hizo... Buen día a quien lo lea (¿alguien lee esto, por cierto?). Bueno, el lindo argentinito leyo lo de ayer, que ya es algo, gracias!!! La foto la hizo mi padre desde un avioncito de camino a Taiwan, es bonita, pero desde el cielo qué no lo es... Aunque eso yo no lo sé que nunca volé. Algún día..., como digo siempre.
Chao!!

domingo, enero 15, 2006

Mi primera vez...


Yo quería poner otro título al blog, como....: "No hay más fuego en el infierno del que hay dentro de mi piel." o aquella frase de la que me enamoré en la peli de "Amelie", yo qué sé, cualquier cosa...
En fin, hoy será un domingo vulgar, aquí os dejo con una bella foto de un viaje que yo haré algún día....

Por cierto, ¿qué se escribe aquí? Nunca lo he hecho y hoy es que estaba demasiado aburrida para estar sin hacer nada que parezca que es algo, así que aquí estoy...

Bueno, una letrita que me pasé medio año escuchando todos los días, ya me cansé, la verdad, prefiero vivirlo:


¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío?
A veces me cuesta decir.Siento tu calor, siento tu frío,me siento vacío si no estoy dentro de tí.
¿Cuánto de esto es amor? ¿Cuánto es deseo?
¿Se pueden, o no, separar?
Si desde el corazón a los dedosno hay nada en mi cuerpo que no hagas vibrar.
¿Qué tendrá de realesta locura?¿Quien nos asegura que esto es normal?
Y no me importa contarteque ya perdí la mesuraque ya colgué mi armadura en tu portal.
Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo no cabe ni un rayo de luz.
¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo?
¿Los mismos anhelos?¿Tal vez la misma cruz?
¿Quien tiene razón?¿quien está errado?¿Quien no habrá dudadode su corazón?
Yo sólo quiero que sepas:no estoy aquí de visita,y es para ti que está escrita esta canción



Un poquillo ñoño, pero hoy ando así porque ayer a la noche se me declararon y lo pasé bastante mal porque no era el momento ni nada.

Buen dia!!!